• Cuando levanté la cabeza pensando que lo peor había pasado, vi cómo la segunda bomba derribó el último edificio que seguía en pie. De repente, todo lo conocido por mí hasta ese momento se volvió escombros, fuego y humo. El cielo, que minutos atrás era de un celeste intenso y despejado, se tiñó de negro como acompañando al sentimiento generalizado. Entonces, oscuridad.

  • Te preguntarás mi amigo, por qué estoy acá. Y yo te respondo: ¿Estás seguro de que querés saber eso? Bueno, te voy a contar una historia. Una (terrible) historia de amor. Te aseguro que nunca has escuchado algo similar. Al menos no como yo te la voy a contar y sobre todo, como yo la viví.

  • El se despertó y no sabía muy bien donde se encontraba. Su cabeza daba vueltas y era raro, porque nunca le había sucedido antes. Nunca en toda su existencia, que era larga, había sentido siquiera una jaqueca o un mareo. Su salud era impecable y debía ser así. Entonces, estaba extrañado ya que sin previo aviso, la nada. Todo a su alrededor se había vuelto oscuridad. Y eso era ironía pura para él.

  • Ella abrió sus ojos y suspiró. Un día más que se sumaba a la larga cantidad de semanas que constituían su vida. Se preguntó por qué había despertado. ¿Por qué el sueño no se transformó en su manto eterno de oscuridad? Al parecer sus ruegos de descanso perpetuo no serían contestados. Al menos no ese día.

  • Ella entró y su corazón se aceleró en forma casi inmediata pero involuntaria. Era como si un presentimiento se le hubiese venido a la cabeza. No sabía bien a que se debía o por que le pasaba eso y sin embargo no podía evitar entrar a ese lugar. Era casi inevitable hacerlo. Miró hacia el techo y todo estaba en orden. Las luces funcionaban a la perfección. El aire era ventilado sin problemas. Sin embargo, la sensación de querer huir de allí estaba más que presente.

  • Mía era una Joven mujer que transcurría por el mundo de manera acomplejada. Esos complejos estuvieron siempre junto a ella, tanto que Mía no podría definir cuando habían aparecido por primera vez, tal vez estuvieran desde su nacimiento. Su vida transcurría detrás de un par de enorme gafas y de una computadora. Pasaba hora tras hora y día tras día, en su casa.

  • De pronto, sentí unos deseos incontrolables de matar. Tal vez la cuestión de haber presenciado la muerte de mi padre en manos de mi madre, podría ser la oscura motivación de mis entrañas.

    De pronto, sentí unos deseos incontrolables de matar. No era algo de lo que podía enorgullecerme, pero era una cuestión presente en mi mente. En el inconciente. Una necesidad que se encontraba desde el nacimiento o tal vez desde corta edad. Y ese deseo formaba parte de lo no dicho por mi, de lo no verbalizado. Varias veces me he preguntado cual era el motivo de ese deseo casi capricho.

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